Porque los viajes pueden ser muy divertidos si no vas tú sólo…

El último mohicano, o cómo sobrevivir a la ubicación en las casas

17 Diciembre 2007 por David Ordóñez en Amsterdam 2007

Como dice Carlos, llegar a las casas ha sido toda una odisea. Lo cierto que por momento he pensado que deberíamos hacer una redirección 301 a este blog y enviar a mepierdoengrupo.com o mehandejaotirado.com con los correspondientes subdominios apropiados para el caso: cawentoloquesemenea y eso…

Cuando llegamos al aeropuerto 24 cabezas pensantes deciden irse a las casas pero… nadie cayó en le pequeño detalle de ¡las llaves! Y ahí nos vamos todos a la aventura de encaminarse a las casas con la sana intención de quedarse en las puertas de las mismas hasta que el San Pedro o similiar decidiera trear unas llaves.

En el aeropuerto además Emilio nos da la info: “David, Mar, vosotros esperáis al casero que os lleva”; pero… el casero estaba buscando a todo el grupo por su parte, perdido de todos, y con un coche biplaza. Sí: bi-pla-za. Luego en este caso, en donde caben dos, pues no, no caben tres. :P

Siguen más llamadas por aquí y por allá. Grupos de personas esperando con mucho frío para entrar en las casas y por unos y otros rebotes acabo yo en la casa de Emilio, Carlos y Roberto. Se marchan a comer pero yo decido quedarme en la puerta de su casa, a los pies de un canal con mucha humedad con 1 grado o menos de temperatura, ya que: “el casero estaba ya de camino”. Aprovecho para exponerlo aquí: el término “ya de camino” tiene unas extrañas connotaciones en Amsterdam… ¡20 minutos! me hice amigo de gatos, ciclitas (pero cuantos pasan), más gatos, hasta que el casero. también David, tocayo mio, y también de Caí, como yo, apareció cual Ángel Custodio justo antes de que la hipotermia hiciera su trabajo.

De ahí me llevó a la casa que íbamos a ocupar (sic) la casa grande. Dejé las maletas, poco tiempo para examinarla, pero en general creo que como todas las casas de por aquí: poca fachada y muy alargadas hacia dentro (por lo visto son así porque se pagaban impuestos por fachada ocupada, y según parece hasta hay una de 1,80 de ancho sólo que ostenta el record).

He podido cenar a una hora muy española y poco europea, sobre las 23.00 horas. En un bar que hace esquina y con una camarera que estaba muy buena “palabra de Casares, Amén”.

Ahora estamos en la casa grande y vamos a ver una peli al menos hasta que el sueño nos gane por hoy. Mañana más.

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